4 ago 2010

Roma, 15-07-2010, Vaticano


El jueves 15 teníamos planeado visitar el Vaticano. Fuimos en metro hasta Ottaviano, y de ahí a la Plaza de S.Pedro unos 5 minutos máximo.

La visita estaba condicionada por la reserva a la Necrópolis Vaticana, a las 9:45h, así que preferimos llegar sobre las 9:00h, pasear un rato por la zona, y ver algo de la basílica; como subir a la cúpula nos llevaría tiempo, preferimos dejarlo para después de la necrópolis y no agobiarnos con las prisas. Una vez vista la necrópolis y la cúpula, veríamos la basílica, y el resto del día el Museo Vaticano; terminaríamos descansando en la Plaza de S.Pedro y volviendo al hotel paseando para ver el Castillo St.Angelo, el Puente de los Ángeles, etc.

Hacía un calor bochornoso cuando llegamos al Vaticano sobre las 9:00h. Estuvimos paseando un poco por la plaza, que a simple vista era grande, pero, como solía ser habitual, está todo tan bien proporcionado que el tamaño real no lo aprecias hasta que no comparas con los grupos de personas. El conjunto majestuoso, restaurado, aún no había mucha gente.

En principio pensamos dar una vuelta por la basílica para hacer tiempo antes de ir a la necrópolis; la entrada a la basílica era por la derecha según se mira la fachada, pero vimos que había un gran cola por el control de seguridad, y la hora de la visita a la necrópolis se nos venía encima; me había comentado Jose María que se entraba por el costado izquierdo de la basílica, y no estaba seguro si debíamos ponernos en cola para entrar como todos pasando el detector y luego ir hacia la zona izquierda.

Al final nos fuimos hacia el rincón de la izquierda, pasamos de la cola, a ver si encontrábamos información. Allí vi un grupito de muchachos, algunos sacerdotes, que hablaban en correcto castellano, me acerqué y les pregunté si eran españoles, que lo eran, y si sabía cómo llegar a la Ufficio Scavi, la entrada a la necrópolis; nos dijeron que era fácil, que nos acercáramos a la guardia suiza del rincón izquierda de la fachada de la basílica y le enseñáramos el papel oficial, y entraríamos como los cardenales, sin esperar cola.


Efectivamente, el guardia nos indicó que dejáramos la mochila en la taquilla y volviéramos, eso sí, nos abrió las vallas y nos saltamos las colas; eso de entrar como los cardenales es estupendo. Pasamos a la Oficina de la Excavación, allí estaban esperando un grupo de hispanohablantes.

La visita a la necrópolis la conseguimos gracias a Jose María, bueno y a su hermano; la necrópolis es genial, la Via Cornelia con sus respectivos mausoleos del s.II d.C. enteritos, perfectos; alucinante la visita, con buena guía. La zona era muy húmeda y con algo de calor. Las fotos estaban prohibidas, así que se puede uno hacer idea gracias a la visita en 3Dcon cámaras webs:

http://www.vatican.va/various/basiliche/necropoli/scavi_italian.html#
(hay una presentación de unos minutos y luego se accede a la visita virtual)

Salimos y nos fuimos a la basílica, nuevamente saltándonos la cola, y nos dispusimos a subir a la cúpula, pero antes recogimos la mochila y la cámara. Unos 15 o 20 minutos en cola y al ascensor. Llegamos al tambor de la cúpula y nos asomamos al interior del templo, está todo tan bien proporcionado que no notabas las magnitudes de las estructuras; nos quedamos pensando a qué altura estabamos, debajo estaba el baldaquino y éste tiene unos 30 metros de altura. Subimos, con dos pequeñas paraditas para asomarnos por las ventanas y de camino descansar; el pasillo se iba inclinando y al principio creí que era mareo, hasta que fui consciente de que era por la forma de la cúpula. Cuando salimos a la linterna de la cúpula fue maravilloso, no sé porqué no me dio nada de miedo, estuve haciendo fotos, mirando y corriendo de un sitio a otro, disfrutando como un niño.

 

Una vez abajo, para no perder tiempo, derechitos a la basílica. Para quedarse con la boca abierta. Paradas obligatorias en la Piedad de Miguel Ángel, donde había bastante gente, señalización de la catedral de Sevilla en el suelo de la nave central, imagen devocional de S.Pedro, Baldaquino, Cátedra de S.Pedro y varias tumbas de Papas como la de Alejandro VII, entre otras cosas.



Uff, y ahora, alucinados, al Museo Vaticano, a alucinar más todavía.

La cola no duró mucho, unos 15 minutos, pero al sol era insoportable. Era las 2 del mediodía. Decidimos dividir en dos la visita, y almorzar entre ambas; no habíamos comido y Jose María nos aconsejó que comiéramos allí mismo en el museo. Primera parte museo: veríamos desde las piezas romanas y helenísticas hasta la Capilla Sixtina, pasando por la colección etrusca y egipcia, luego parada para comer, segunda parte, la pinacoteca; como con las prisas no pude ver la colección etrusca, una vez terminamos la pinacoteca fuimos a verla.

Muchas obras... no tengo palabras para expresar lo que fue ver el Augusto de Prima Porta, Perseo, Laocoonte, Apolo del Belbedere, las momias egipcias, las estancias de Rafael con la Escuela de Atenas y la Capilla Sixtina,entre muchas cosas.

En la sala de arte romano, estabamos "cuatro-gatos" viendo el Augusto de Prima Porta, que era impresionante estar delante, Esculapio sobrecogía, El Río Nilo magnífico, La Amazona Herida preciosa, y todas prácticamente sin nadie viéndolas,es una pena...

En cambio en la Capilla Sixtina era muy molesto la bulla, de hecho tenía la sensación de que la mayoría pasaban de todo, era como ganado, ni se daban cuenta de dónde estaban, eso sí, luego dirán "he ido a Roma".





Una vez vista la Capilla Sixtina nos fuimos a comer; era muy tarde y el restaurante estaba ya cerrado, sólo quedaban abiertas la pizzeria del museo y la cafetería; fuimos los penúltimos en poder comer pizza, menos mal.

Luego fuimos a ver la pinacotena, y justo allí nos encontramos con Francisco (Curro para algunos), que casualidad, nos vemos poco en Sevilla y nos tenemos que encontrar en Roma jajaja.

La pinacoteca la vimos muy cansados, y realmente sin asimilar mucho, es casi el síndrome de Stendhal o "mal del museo", por primera vez supe lo que era aproximadamente. Faltaban obras, pero el cansancio hacía que nos diera casi igual.

La salida del museo también era espectacular, una doble escalera enorme de caracol; habían puesto unas vallas al principio porque las caídas por quedarse ensimismado viendo la escalera eran muy aparatosas, mucha gente se quedan mirando hacia arriba según bajan y tropiezan, de hecho fuimos testigos de ello.
 


Volvimos a a la Plaza de S.Pedro; decidimos a entrar de nuevo en la basílica durante un rato, luego fuimos a un extremo de la plaza y descansamos deleitándonos con el entorno.


Reiniciamos la marcha, esta vez ya de camino al hotel, eso sí, viendo el Castel St'Angelo y el puente; luego daríamos una vuelta hacia la Piazza Navona, si hubiera alguna iglesia abierta entraríamos.



La sorpresa fue que de camino a la P.Navona encontramos un ¡¡¡ Carrefour Express !!!, entramos a por un par de refrescos y un taper de macedonia de frutas que nos sentó de escándalo.

Se nos fue haciendo de noche mientras paseábamos por P.Navona y Panteon, luego un buen helado, la Fontana de Trevi, el Quirinale...





y conciertito en la Pz. San Ignazio.


Acabamos comprando pizza al taglio, que la comimos en el hotel, estaba malísima, pura sal. Que mala suerte hemos tenido con las pizzas.

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