Nos dispusimos a salir tempranito porque lo planeado era intenso, así que habíamos planeado estar en la calle sobre las 8:00h, pero al final salimos un poco después de las 08:30h., hora que iba a ser la habitual. La idea del plan me la había dado Jose María, así que la seguimos, con alguna modificación.
Primero nos fuimos a Santa María Maggiore, la teníamos al lado. Grande, bien proporcionada, teníamos que comparar con el tamaño de la gente para poder apreciar las medidas reales de las cosas. De las cuatro basílicas mayores era la más pequeña, lo que me hizo pensar sobre las otras que me quedaban por ver, porque sería alucinante.
Una de las cosas que empezó a llamarme la atención era la cantidad de mármoles, de piedra,... a diferencia de nuestras iglesias, repletas de madera, yesos y rejas; era algo que me esperaba, pero no de esa forma; el aire romano antiguo no lo había perdido pese al barroco, mantenendo mosaicos antiguos; presentaba un baldaquino, muy común en las iglesias romanas, sobre todo las importantes con reliquias. Una de las capillas laterales estaba reservada para misa, de hecho estaban en ella; otra de las capillas laterales, la más importante, estaba dedicada a Santa María de la Salud, Fran me comentó que era la primera imagen mariana con esa advocación que se hizo en el mundo, y a la que realmente se le debe la basílica; la capilla era espectacular, la imagen de la Virgen con Niño era un icono palocristiano muy interesante, de relativo pequeño formato, al que le habían realizado un retablo enorme que casi no te dejaba verla. El presbiterio de la basílica presentaba un baldaquino, bajo él una estatua de Pío IX, de mármol, magnífica, orante ante las reliquias del Pesebre, que guarda el templo desde la Edad Media.
Antes de terminar la visita le comenté a Fran que en un escalón del presbiterio estaba la tumba de Bernini; nos costó encontrarla porque no había mucha luz; la mayoría de la gente no sabe que allí está el responsable de las mejores obras de arte europeo y del barroco, y por eso se merecía una visita.
Lo recorrimos a lo largo para acabar en la Iglesia de Santa María in Cosmendi, la de la Boca de la Verdad, pero antes vimos la Iglesia de Santa Anastasia, como estaba abierta entramos a ver qué tal era; Santa Anastasia era muy normalita pero vi algo que luego me hizo comprender cómo se mantienen los suelos de las iglesias tan bien, un señor de rodillas con unas balletas refregando y echándole productos, ¡¡¡de rodillas!!!
Llegamos al pie de Capitolio, con una escalera tremendamente alta. Subimos primero a Santa María Aracoeli, luego iríamos a la Piazza del Campidoglio, a ver el Museo Capitolino, pasaríamos allí el calor y luego almorzaríamos.
Primero nos fuimos a Santa María Maggiore, la teníamos al lado. Grande, bien proporcionada, teníamos que comparar con el tamaño de la gente para poder apreciar las medidas reales de las cosas. De las cuatro basílicas mayores era la más pequeña, lo que me hizo pensar sobre las otras que me quedaban por ver, porque sería alucinante.
Una de las cosas que empezó a llamarme la atención era la cantidad de mármoles, de piedra,... a diferencia de nuestras iglesias, repletas de madera, yesos y rejas; era algo que me esperaba, pero no de esa forma; el aire romano antiguo no lo había perdido pese al barroco, mantenendo mosaicos antiguos; presentaba un baldaquino, muy común en las iglesias romanas, sobre todo las importantes con reliquias. Una de las capillas laterales estaba reservada para misa, de hecho estaban en ella; otra de las capillas laterales, la más importante, estaba dedicada a Santa María de la Salud, Fran me comentó que era la primera imagen mariana con esa advocación que se hizo en el mundo, y a la que realmente se le debe la basílica; la capilla era espectacular, la imagen de la Virgen con Niño era un icono palocristiano muy interesante, de relativo pequeño formato, al que le habían realizado un retablo enorme que casi no te dejaba verla. El presbiterio de la basílica presentaba un baldaquino, bajo él una estatua de Pío IX, de mármol, magnífica, orante ante las reliquias del Pesebre, que guarda el templo desde la Edad Media.
Antes de terminar la visita le comenté a Fran que en un escalón del presbiterio estaba la tumba de Bernini; nos costó encontrarla porque no había mucha luz; la mayoría de la gente no sabe que allí está el responsable de las mejores obras de arte europeo y del barroco, y por eso se merecía una visita.
Fuimos a Termini, al metro, con las carteras guardadas y la mochila a buen recaudo, como nos habían dicho; dirección Circo Máximo. Llegamos en nada; cuando salimos me despisté pero en nada volvimos a retomar el plan: dirección Termas de Caracalla, a 5 minutos escasos de la parada del metro. Qué calor bochornoso hacía ya a las 9 de la mañana. Las Termas eran enormes, paseamos por los restos de las diferentes estancias. Los lienzos de pared eran bien altos, en algunas zonas quedaban mosaicos y piezas de mármol de la ornamentacion original.
La visita no duró mucho, así que seguimos el camino, de vuelta, al Circo Máximo.
El Circo Máximo era como me lo imaginaba, una gran ondanada alargada en el suelo, al pie del Palatino, colina que la verdad no sabía que fuera tan alta. Muchos no saben que parte de las galerías del circo se consevan, si lo excavaran sería alucinante; no obstante, sólo ver el tamaño del recinto te impresiona.La visita no duró mucho, así que seguimos el camino, de vuelta, al Circo Máximo.
Lo recorrimos a lo largo para acabar en la Iglesia de Santa María in Cosmendi, la de la Boca de la Verdad, pero antes vimos la Iglesia de Santa Anastasia, como estaba abierta entramos a ver qué tal era; Santa Anastasia era muy normalita pero vi algo que luego me hizo comprender cómo se mantienen los suelos de las iglesias tan bien, un señor de rodillas con unas balletas refregando y echándole productos, ¡¡¡de rodillas!!!
Santa María in Cosmendi tiene un aire medieval, románico, precioso; en el atrio de entrada estaba en un extremo la Boca de la Verdad; muy poca gente cuando llegamos, unas 6 o 7 personas, y pude hacer la fotos sin nadie fácilmente, no puse la mano porque me parece de catetos, poner la mano en la ranura de un sumidero romano puesto en la pared en el s.XVI para crear una leyenda.
Entramos; genial, pequeña, con aire paleocristiano, con una luz ténue que le daba mucho encanto espiritual. La nave central estaba ocupada por una estructura con pulpitos, supongo que para algún coro. La comunidad religiosa que regenta el templo era oriental, de la zona de Siria.
Justo frente a la iglesia pudimos ver el Templo de Hércules Victor, fácilmente confundible con un templo a Vesta por ser circular, y casi al lado el Templo de Portuno; el dios Portuno era el guadián de las llaves y de las puertas además de la ganadería, y es que estamos en la zona del Foro Boario (foro del ganado) y del primitivo embarcadero (entrada a la ciudad) de Roma. Muy cerquita, en dirección al Capitolio pudimos ver el exterior del Teatro de Marcelo.
Llegamos al pie de Capitolio, con una escalera tremendamente alta. Subimos primero a Santa María Aracoeli, luego iríamos a la Piazza del Campidoglio, a ver el Museo Capitolino, pasaríamos allí el calor y luego almorzaríamos.
Santa María Aracoeli, en lo alto del Arx, la zona norte de la colina del Capitolio, ocupa más o menos el solar del antiguo Templo de Juno Moneda (sí, de ahí viene el nombre de las piezas de metal circular que guardamos en la cartera). Cuando entras merece la pena haber subido tantos escalones. Sencillamente magnífica, y con unas vistas a la Plaza del Capitolio y al Foro por la parte trasera envidiable. Justo al lado estaba la parte trasera del Monumento a Victor Manuel, pero decidimos no subir al mirador que tiene, la mejores vistas del foro son desde el Museo Capitolino

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